"Es un amor imposible", decían las corbatas austeras.
Ellas, que perdieron su capacidad de soñar estrangulando
con rutinaria constancia el torrente sanguíneo de su usuario.
"Sus mundos son distintos", susurraban los zapatos gastados.
Justamente ellos, que nunca alzaron su mirada al cielo,
observadores de la vida desde una perspectiva rastrera y miope.
Él. Enfundado en verde militar.
Monumento a la utilidad, múltiples bolsillos para los artilugios
que la bélica necesidad demanda.
Lona, cuero, metal y plástico.
Durable y resistente, hecho por manos y mentes pragmáticas.
Ella. Delicada y rosa.
Artesanal, bordada con belleza abstracta.
No soporta gran peso, ni tratos rudos.
Tela liviana, hilo con los colores del arco iris.
Hermosa y libre, como las manos que la hicieron nacer.
En la soledad del cuarto apenas iluminado por la luna,
ambos se descubrieron compartiendo un perchero cojo.
Y así se amaron, unieron la función y la hermosura,
en un sólo abrazo que duró toda la noche.
